Song of the Wilderness

Un lindo descubrimiento de temporada.

By: Dorothy Parker

We’ll go out to the open spaces,
Break the web of the morning mist,
Feel the wind on our upflung faces.
[This, of course, is if you insist.]
We’ll go out in the golden season,
Brave-eyed, gaze at the sun o’verhead.
[Can’t you listen, my love, to reason?
Don’t you know that my nose gets red?]
Where the water falls, always louder,
Deep we’ll dive, in the chuckling foam.
[I’ll go big without rouge and powder!
Why on earth don’t you leave me home?]

We’ll go out where the winds are playing,
Roam the ways of the brilliant West.
[I never designed for straying;
In a taxi I’m at my best.]
Minds blown clean of the thoughts that rankle,
Far we’ll stray where the grasses swirl.
[I’ll be certain to turn my ankle;
Can’t you dig up another girl?]
We’ll go out where the light comes falling –
Bars of amber and rose and green.
[Go, my love, if the West is calling!
Leave me home with a magazine!]

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Anahata

Siri G

Estoy hinchado de voces,
hinchado de corazones como lirios florecidos,
de ojos cansados y diferentes,
durmiendo sobre un bonsái.
Estoy deshojándome en sus manos generosas y abiertas,
entre orquídeas que parecen animales al acecho.

Las lágrimas que he derramado
son ahora una escalera.
Me siento arriba
y veo el paisaje
(en paz).

He creado un tapiz
lleno de colores ajenos
y por una rendija
escucho el mundo.

Bailo como nunca
con el alma articulada
y las partes sueltas
(libres).

Jerry Chin

No puedo descifrar el porqué de este deseo.
Es como el de las princesas, como el de las telenovelas, algo que no debería pasarme.
(De mis amores políticamente incorrectos).
Tu mundo es tan pequeño, Jerry Chin. Del restaurante a la casa de tu madre a Norman’s a la casa de tu mujer de turno, al trabajo.
Marihuana,
Té Lipton,
Pedazos de carne.
Tu mente es también pequeña, a veces, aunque otras no, y me sorprendo.
Me sorprende pillarme a solas estando contigo, riendo en el bus con el recuerdo de alguna conversación de tontos.
Jerry Chin, yo no soy para ti; esta princesa no te quiere hacer más hombre.
Esta princesa no encuentra nada de atractivo en las peleas que tanto me has contado donde rompes dedos y mandíbulas
ni tampoco en los viajes donde respetaban mucho tus dolaritos y tú invitabas Bacardi a las latinas.
Tú crees que el soccer es de nenas y yo creo que tu cerebro es de idiotas (a veces).
Pero te veo ahí, rociando con ternura la orquídea que compraste, batiendo tu lifesaver y haciendo cara de panda mientras repites que no eres chino, sino norteamericano.
Te veo cocinando mis espinacas con ajo, solo para mí, enloquecido por que suelte una carcajada de esas que sabes sacarme con tus voces extrañas de ultratumba.
Nos veo juntos, encendidos cuando sin querer nos decimos cosas obscenas queriendo en verdad hablar del bacon o de los tomates.
Yo no soy para ti, Jerry Chin, pero me gustaría atraparte detrás de la cocina, y ponerme entre tus piernas subidos en el fregadero con la loza sucia.
En el patio de atrás,
en la casa de Sui,
en el baño donde te metes todo eso que tus clientes te compran.
Yo no soy para ti, Jerry Chin, pero si por alguna circunstancia acercaras tus labios a mi frente, yo me colgaría de tu lengua y no te dejaría ir.

Me mudo

Le tengo miedo a las palabras.
No quiero hablar de ellas, ni con ellas,
no quiero mirarlas.
No quiero pensarlas o pronunciarlas con mi lengua torcida.
Las palabras que salen de mi boca son estiradas y feas, como deformes.
Son palabras necias, tercas, palabras afiladas.
Me han agredido por ellas.
Un gordo con gafas malditas un día me dijo mentirosa.
(Y ahí vamos de nuevo, no digo gordo ni malditas, digo no sé),
Se burló de mí y creo una teoría.
Una teoría de mi locura.
Guardé silencio un rato.
Hasta que llegaron mi ex.
Todos ellos
pasaron mal con mis palabras
y yo con ellas.
Los recuerdo enredados y heridos
y yo sin saber cómo encontrar el hilo.
Alguno trató de confundirme,
de convencerme de que las palabras que decía
no decían lo que decían
(sino otra cosa).
(los locos nos juntamos).
Y luego mis amigos,
en la sala de la casa.
me dijeron que el mundo
no es como yo lo hablo.
Que tengo un desface
que la realidad y que la percepción,
que la diferencia.
(dudaron de mí)
(obvio).
Ahora puedo decir
(palabras monstruosas vienen a mis dedos)
que no se llora solo con lágrimas
sino con letras
que llorar mudo es más difícil,
y hasta prescindible.
Que es mejor quedarse callado
mirando pasar los barcos por la ventana
agarrándose el pecho
con la palma dando círculos
sanando.
Yo no quiero más estas palabras
ni aquellas
(no quiero ninguna).
Quiero silencio animal.
volumen bajo,
quiero sombra.

Derechos reservados
©Diana Catalina Hernández Quecano

¿Cómo es la vida en Miami?

(me pregunta un amigo…)
Miami está lleno de locos, no me canso de decirlo porque me ha impactado. Cada día me topo con uno camino al trabajo. La locura está, por supuesto, racializada (todos son inmigrantes, extranjeros, no-blancos locos) y atravesada por la clase (sin papeles, pobres, desesperados). Miami está lleno también de gente muy rica, judíos, rusos y latinos ricos. Muchos cuerpos perfectos y vacíos. Hay poca cultura aquí, pero si vas a uno de los dos cines que hay de toda la ciudad, te puedes quedar viendo pelis todo el día. El mar está siempre ahí, contigo. Hay muchos parques y mucho verde. Hay también muchos excesos, drogas, sexo y alcohol en South Beach. No puedes vivir bien si un carro, todo es lejos. Y a veces llueve y el viento te lleva. La mayoría habla español, pero yo tuve que aprender inglés para mi tienda yankee de hamburguesas. Aunque haces ejercicio, engordas, porque todo abunda en una lógica enferma de grasa y químicos. Cuando vas a comprar algo, cuentas las monedas, y luego no te alcanza porque le suman el impuesto y miras al cajero con angustia. Todo es caro en las tiendas y restaurantes, pero hay cosas muy baratas en los supermercados, quesos de plástico, pan de plástico y jugos de azúcar. 
Trato de vivir feliz aquí, mirando al mar y a mis letras.