Que lo aprenda todo en mi plegaria

Perdido, errática, fuera de mí. El deseo me ha llevado a un lugar extraño. Es un impulso, un enojo. Mi piel no me responde. La necesidad de otro cuerpo me ha vaciado.

¿Dónde está el centro si no hay cuerpo? Piel roja y erizada, piel que es propia pero no se siente dueña de sí. El deseo es caliente, pero yo estoy fría, estoy helado.

¿Qué pasa con el deseo si aún no soy adulto?

Lo quiero todo sin pagar el precio. Quiero el calor y el frío, quiero el éxtasis y la furia. Escalofríos de terror se confunden con el rumor de mi deseo. Hay cosas que debería hacer, personas que debería habitar, pero nada de eso importa cuando sus ojos se cruzan con los míos, tan cerca que puedo sentir el aliento ajeno.

¿Cuántas bandas sonoras tengo que escuchar para que esto se acabe?

¿Cuántas noches de sueños no revelados?

Mi cuerpo está en deuda. El camino que me lleva a mí pasa por el otro.

En la poesía de la imposibilidad está el sosiego.

Me visto con tanta premura, ojalá fuera como las otras veces. El esmero por la belleza. No hay agua que pueda lavar esta angustia antes de salir de casa. No hay vestidos que puedan disfrazar este cuerpo que tiembla. No hay ayuda.

Cuando las pieles se encuentren, todo se habrá acabado. Será cuestión de prolongar eternamente el momento para que nunca llegue lo que es, en lugar de lo que quiero que sea.

Todas las tristezas del mundo son llamadas a mi corazón ahora. Espero que, con su asfixia, no haya escapatoria. Que sea imposible la vida por el peso, que nadie me vea y yo no vea a nadie, que se borre el latido y sea como el sonido de la naturaleza, impersonal.

Que a través de las palabras llegue mi orgasmo, uno tan fuerte que nunca más espere otro.

Que sea suficiente la idea sin el cuerpo, el alma sin el aire.

Que lo aprenda todo en mi plegaria.

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Vuelos de aves

Aprender contigo
que la forma vital no se acomoda,
no se fuerza,
solo se observa.
Dejar mi locura en el telón de fondo
y disfrutar estos días
en los que me dejo ver,
cuando las fuerzas se acaban
y solo queda el deseo
mi deseo de pasar la nariz por tus ojos
y con mis labios tocarte las cejas,
recorrer tu espalda con mis dedos
violentos sobre tu ropa.

Días repentinos de los dos
condenados a lo público,
y las caras sorprendidas
de los que te ven en los buses
tocándome bajo la ropa,
con tanta urgencia,
porque ya me marcho
para que tu amor no me impulse
a llorar en el jardín.

Sí, son esos días en que pierdo la batalla
y quiero agarrarte de las manos,
abrazar tu cuerpo tan ligero
chocar nuestros dientes,
morderte la oreja,
todo antes de que se acabe la noche
y yo me escape a mi ático de sueños
a convencerme, nada pasa
no necesito nada,
esos días cortos,
esos besos escándalo
es suficiente
hasta que apague la luz.

Ya te dije:
te veo
en las dimensiones de mi casa
en los caminos de la montaña
en los conciertos y las fiestas
aunque nunca lo sepas.

Ya te dije:
te espero
con la luz apagada
en el piso de arriba
para verte salir,
cruzar palabras dispensables
y seguir con algo de pesadumbre.

Nuestro amor dosificado
me dura una semana
y luego quiero que no vuelvas
y luego quiero que vuelvas y te quedes
para seguir así en nuestro carrusel.

Modulando mi deseo
se agota y se recarga
hasta que llegue un niño
(otro)
que se enloquezca por mí
observe todas mis esquinas
acaricie todos mis relieves
y te desplace
y te me vayas
a los brazos de la que siempre te tuvo,
niño triste.

Colibrí

Siri G.

El lugar del amor lo ocupó el miedo,
el terror irrevocable del engaño.
La gema se cubrió de musgo
y en sus venas penetró la negrura.
Entonces no hubo luz
y un sonido de queja quebró el espacio.
El agua sucia corrió por los jardines de mi casa.
Las rosas se enterraron a sí mismas sus espinas
y los pájaros buscaron gatos hambrientos.
Esta fue la muerte provocada del colibrí,
la cristalización de mi cuerpo ahora frío,
mi cuerpo muerto que no desea.

Song of the Wilderness

Un lindo descubrimiento de temporada.

By: Dorothy Parker

We’ll go out to the open spaces,
Break the web of the morning mist,
Feel the wind on our upflung faces.
[This, of course, is if you insist.]
We’ll go out in the golden season,
Brave-eyed, gaze at the sun o’verhead.
[Can’t you listen, my love, to reason?
Don’t you know that my nose gets red?]
Where the water falls, always louder,
Deep we’ll dive, in the chuckling foam.
[I’ll go big without rouge and powder!
Why on earth don’t you leave me home?]

We’ll go out where the winds are playing,
Roam the ways of the brilliant West.
[I never designed for straying;
In a taxi I’m at my best.]
Minds blown clean of the thoughts that rankle,
Far we’ll stray where the grasses swirl.
[I’ll be certain to turn my ankle;
Can’t you dig up another girl?]
We’ll go out where the light comes falling –
Bars of amber and rose and green.
[Go, my love, if the West is calling!
Leave me home with a magazine!]

Anahata

Siri G

Estoy hinchado de voces,
hinchado de corazones como lirios florecidos,
de ojos cansados y diferentes,
durmiendo sobre un bonsái.
Estoy deshojándome en sus manos generosas y abiertas,
entre orquídeas que parecen animales al acecho.

Las lágrimas que he derramado
son ahora una escalera.
Me siento arriba
y veo el paisaje
(en paz).

He creado un tapiz
lleno de colores ajenos
y por una rendija
escucho el mundo.

Bailo como nunca
con el alma articulada
y las partes sueltas
(libres).

Jerry Chin

No puedo descifrar el porqué de este deseo.
Es como el de las princesas, como el de las telenovelas, algo que no debería pasarme.
(De mis amores políticamente incorrectos).
Tu mundo es tan pequeño, Jerry Chin. Del restaurante a la casa de tu madre a Norman’s a la casa de tu mujer de turno, al trabajo.
Marihuana,
Té Lipton,
Pedazos de carne.
Tu mente es también pequeña, a veces, aunque otras no, y me sorprendo.
Me sorprende pillarme a solas estando contigo, riendo en el bus con el recuerdo de alguna conversación de tontos.
Jerry Chin, yo no soy para ti; esta princesa no te quiere hacer más hombre.
Esta princesa no encuentra nada de atractivo en las peleas que tanto me has contado donde rompes dedos y mandíbulas
ni tampoco en los viajes donde respetaban mucho tus dolaritos y tú invitabas Bacardi a las latinas.
Tú crees que el soccer es de nenas y yo creo que tu cerebro es de idiotas (a veces).
Pero te veo ahí, rociando con ternura la orquídea que compraste, batiendo tu lifesaver y haciendo cara de panda mientras repites que no eres chino, sino norteamericano.
Te veo cocinando mis espinacas con ajo, solo para mí, enloquecido por que suelte una carcajada de esas que sabes sacarme con tus voces extrañas de ultratumba.
Nos veo juntos, encendidos cuando sin querer nos decimos cosas obscenas queriendo en verdad hablar del bacon o de los tomates.
Yo no soy para ti, Jerry Chin, pero me gustaría atraparte detrás de la cocina, y ponerme entre tus piernas subidos en el fregadero con la loza sucia.
En el patio de atrás,
en la casa de Sui,
en el baño donde te metes todo eso que tus clientes te compran.
Yo no soy para ti, Jerry Chin, pero si por alguna circunstancia acercaras tus labios a mi frente, yo me colgaría de tu lengua y no te dejaría ir.