Viajes al norte del Sur

Vine a Norteamérica como miles. Sin casa, sin dinero, sin visa y sin amores. Vine a fregar pisos, a lavar baños, a caminar bajo el sol de Miami en falda corta para ser mesera, que ya no se dice waitress sino server. Vine a alimentarme del tío Sam y a aprender inglés, a tomar el sol y nadar en una piscina de viejos rusos desgastada y triste.
Aquí me topé con tantos locos en el autobus vía downtown que comencé a dudar de mi misma cordura. La mujer obesa que fabricó su vestido brillante con su bolso y una maleta de viaje y que se masturba en cada estación. El inmigrante hispano que habla solo y maldice. La mujer esqueleto que se pintó una única ceja arriba de sus cejas y que se pone cacheteros a sus 80 años. Pero también los locos ricos, esos de cuerpos perfectos que usan ropas diminutas y joyas caras.
Vine a Norteamérica y un venezolano me dijo bruta. Me señaló su frente con el dedo índice y se la picó encima mío para enseñarme de sentido común. Luego me dijo Betty la fea y yo le dije que se metiera su trabajo por donde le quepa.
Aquí a nadie le importa que yo escriba poesía y que sepa de libros de filosofía contemporánea, qué le vamos a hacer, ni que haga peformance ni que sea activista ni nada de esas cosas, qué le vamos a hacer. Porque cuando de servir se trata vine a regar los vinos sobre las camisas de los millonarios y las papitas fritas sobre el vestido de baño de los que hacen preguntas extrañas como si las salchichas son de res o el queso es salsa de nachos.
Vine a Norteamérica a trabajar en una tienda de hamburguesas de una sabia mujer china que parió un hijo aquí más americano que los americanos. Él dice que el soccer es de nenas y que le dan náuseas los gays ricachones de la white party pero que le gustan sus verdes billetes que dejan con una buena propina. Él dice que China es un país terrible que maltrata a los trabajadores, no como EU que respeta el medio ambiente y los derechos de las personas.
Vine a Norteamérica a armar hamburguesas aunque soy vegetariano y gay y trans y anti-racista y anti-capitalista. Y con los pesitos que me hice hasta ahora, vine a Austin y dormí en el aeropuerto y ahora me voy a encontrar con personas más como yo, a ver si se me quita esta pesadez de los locos de la Florida como el habitante de calle que vive en la hamburguesería, Bill, que odia el movimiento de Black matters y a los musulmanes y a los inmigrantes y anda diciendo que todos los brasileños son esto y los dominicanos aquello disque porque trabajó ocho años en un bar. Mientras me limpio la cara en el baño del aeropuerto, me acuerdo de mi mamá que me espera en Colombia y ni sabe que vine a Texas, porque otra vez se deprime de que sea gay y de que sea trans y todo eso y que ni idea tiene de todo lo de aquí.
Vine a Norteamérica a presentar el GRE y el TOEFL a ver si me hago un doctorado en la tierra de Mickey Mouse. Entonces tendré mi amada visa y por cinco años pasaré por Mac Donalds y trataré de hacerle mi peor cara.

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El poema de amor

Por Efraín Huerta

Aprovechando que mi amigo Andrés Cardona me acordó de la existencia de este blog (y de él, de paso).

El poema de amor es el poema
de cada día: la sombra de una hoja
y este mirar al cielo en anhelante
perseguir una flor, una sonrisa.


¿El poema de amor? La más humilde
y la más tierna lluvia, el sobresalto
de una gota en la mano, como si una
leve mirada tuya iluminase
la selva en que se nutre el desconsuelo.

¿El poema de amor? El gran poema
de caminar conforme van los ríos
con un sollozo —nube— sobre el dorso,
y vigilar, con un sonriente miedo,
tu imagen de jazmín en el crepúsculo.

El poema de amor es la palabra
que ya se dijo ayer, que hoy no se dice.
Porque de sol a sol, de amor a amor,
reina un silencio fiel, como de mármol,
que es el clima ideal de estar de acuerdo.
El poema de amor bien puede ser
un soñar escribirlo y declararlo.
Y despertar, al fin, estremecido,
abrazarte entre tibio y azorado
como a rosa ceñida por la brisa.
¿El poema de amor? Viene del fuego
y en el fuego perece, no sin darnos
la maestría en el tacto, la sorpresa
de imaginarnos vivos y con alas
cuando el beso es un ave en agonía.
Del poema de amor todo se dice
y nada se recuerda. Pero es bueno
señalar que se sabe y que se siente
un hondo respirar cuando tu paso
de adolescente ritmo llena mi alma.
No quise decir alma, sino sangre
y música de junio. Pero insisto
en que tu paso enciende mi alegría
como un poco de sol sobre los trigos.
Y es como darle vueltas al poema.
El poema de amor es darle vueltas
a lo que por sabido ya es callado.
Y volver a empezar como si nunca
te hubiese visto así, lánguido y puro,
desmenuzando mi habitual tristeza.
¿El poema de amor? Discretamente
habría sido resuelto en una frase.
Por ejemplo, decir “Amado mío…”
Pero aquí llegas tú, puntual, sereno,
a cerrarme la boca dulcemente.

Iván Vergara

Nadie te dirá cómo murió el tiempo

nadie te dará señas de su azar
ni te dirá cómo vencer su esfuerzo.
El tiempo es un aire estático,
lo transcurrimos
no habrá quien te hable de la angustia de las eras,
quien decida que frente a los espejos reinará el vacío,
quien decida que la noche hablará por sí misma,
que no habrá perros suficientes para la hoguera
no habrá quien te diga qué pirámides son falsas,
cómo rescatar la palabra del conato clasificatorio,
cuánto andar errante conducirá a la voz
de un tiempo ebrio de sequía,
denso de almas errantes
no habrá quien te diga cuán estériles son estos verbos,
el reloj sabrá de sí y será en el reflejo del hombre
un océano sin islas, un océano sin tierra que conquistar

Volver a prescindir de los ríos

como el que presiente
que hay alguien detrás,
apuntando a la nuca,
soplando quedito
volver a dejar los ríos
en el bolsillo de viaje,
donde la herida tiembla
y nombra ventanas
aullidos
volver,
transformar al náufrago
en mono sedentario,
volver,
nombrarle cielo
al saber de sus deshielos;
volver y prescindirle,
pues volver por sus ríos,
entre sus venas y aristas,
nos convierte en dioses furiosos
sabemos que su cuerpo muta en otra tierra,
donde nos suele herir la memoria
(d)escribimos al mito que es cuerpo,
termina bajo tierra, empalmado,
devorando a sus propios hijos
hartándose de un tiempo
que prescinde de nuestro amor

Me abandona el hambre y temo perderlo todo

perder lo humano que me aferra a la tierra

perder la sed,
el alarido

y quedarme solo
con esta piedra
que reconozco
frente al espejo

(20:45)

Se verán entonces a las ocho cuarenta y cinco,
como se ven siempre los amantes,
en la hora compuesta, la cómplice;
se verán y se amarán desesperados
susurrando deseos a la almohada,
escurriendo por dentro, por debajo.

Llegarán las once
y la prisa
y el escape
y la cita
esperará otro día.

Se verán entonces a las ocho y cuarenta y cinco
del día siguiente,
exigidos hasta en sueños, en lo lejano;
se amarán como ladrones
o hasta que llegue la cordura
y el arrebato rosado del –hasta mañana.

Se verán entonces a las ocho cuarenta y cinco
de los siguientes meses,
dejarán los lleven de la mano,
dejarán que el ritmo tome su compás
entre aquello que no creen,
que no quieren creer.

Se verán entonces a las ocho cuarenta y cinco,
casi por coincidencia, como si no quisieran,
como si pintar de rojo la pared no fuera crimen,
como si ignoraran las horas y los sobresaltos,
como si la habitación fuera nevera de tiempo,
como si por debajo de las cortinas se escondieran
duendes;
casi por coincidencia, como si no quisieran.

Se verán entonces a las ocho cuarenta y cinco
decididos a comprometerse, a atarse,
con esas palabras que saben a vacío
cuando se acerca la inminencia,
la aletargada que llega segura
con pasitos trasatlánticos,
con fotos prostitutas de la vieja Sevilla,
con la ciudad Promesa como promesa
de que también podrá ser consuelo de los perdedores,
de los que no han de ganar.

Se verán entonces a las ocho y cuarenta y cinco
y para entonces ya los habrán olvidado,
no tendrán que dejarlos en el arrebato,
no tendrán que componer excusas para ellos;
se verán entonces a las ocho cuarenta y cinco
de algún siglo que los haya dejado atrás.

Se verán entonces a las ocho cuarenta y cinco
de un día que aun no llega,
que paga para arroparlos
con aquel viejo aroma
de los nuevamente culpables.

Revive

Había dejado este lugar. Porque dejé de leer poesía, quizás, porque entre tantas mudanzas y corazón roto, lágrimas en casa ajena…
Pero ya regresé, hoy, con mi visita a la feria del libro, comprando mis libros capricho y escuchando leer, con ese aura única de la voz alta.
Entonces, aquí una selección de mis dos favoritos de hoy:

Pedro Serrano

(tomado de http://www.letraslibres.com/autores/pedro-serrano)

Wanderer

Había una tortuga mordedora en medio de la calle.
Con la lluvia supuso que todo el mundo era humedad y era suyo.
Abandonó el lecho del río y se echó a andar muy despacio.
Tenía un ojo de vidrio y el otro atento, como una sonaja.

La cola serpentina rastraba el pavimento húmedo.
Parecía un trapo echado por descuido y al principio.
En el caparazón llevaba melladuras antiguas y lama vieja.
Aferraba cada una de sus garras a la costra del suelo.

El cuello era una oruga acordeónica, puntiaguda y atenta.
Hubo que orillarla con una pala para que no mordiera.
Saltaba poseída y soltaba latigazos con la boca.
Se rebelaba con todo su peso y su furia inmóvil.

Cada hexágono es un capítulo del mismo reino.
“Wanderer” fueron las palabras que marcaban su caparazón.
Fue una película que pasaron en un cine que ya no existe.
La vieron dos personas que siguen y no están juntas.

Dejó una marca en el día que es una incógnita y una realidad.

Niño bomba

El niño se lleva la mano al diente,
duda.
Las bombas
no le han explotado.
Todo su cuerpo
se sacude
y no sabe
si se tiene que quitar
el calzoncillo.
No puede enseñar
su diminuta e inerme
creencia en sí.
No se sabe ante las cámaras,
tampoco lo piensa.
¿Qué
puede pensar el niño?
Volver
a ser un cuerpo mondo,
un temblor,
un gesto mínimo
que la cámara aprieta
como un aceite de paz.
Todos somos
esa gana de vida.
Oración
en un vacío
alrededor del mal.
Un gesto que es de todos,
el pudor infantil,
el cuerpo desnudo
que quiere conservarse
y crecer.
Así,
esa visión del niño
como un aceite lento
nos abarca.
Hay que correr
a protegerlo,
sacarlo de esa escena,
paralizado de horror.
Lo que no pasó.
Ahora el niño
y sus vigilantes
y nosotros
somos ese aceite,
ese calor oleaginoso
y obligatorio.

Arturo Carrera

Títere de la moneda

Pringles, 4 de enero de 2004.
Viene un chico a la puerta y grita desde afuera:
“Señor, ¿tiene una monedita?”
Abro la mirilla grande de la puerta negra,
Le digo entre los relieves oscuros: “¡Sí; ya
Vuelvo!” Y voy hasta la caja donde guardo
Los títeres de guante; me calzo uno y
Lo llevo hasta la mirilla, ahora Boca del Teatrino:
“-¿Siiiiiiiiiiiiii?- y el chiquito se ríe.
“Y el títere de la moneda le da la moneda.
¡Por suerte no soy yo!
El títere de la moneda le da la bienvenida a mi puerta.
¡Por suerte no soy yo!
El títere le dice que todos los remordimientos
Son esa monedita trucha que le da.
Que todo el dinero del mundo
Es su mentira que le entrega.
Que toda la falsedad de la tierra cabe
En nuestro dolor, en la mísera alegría
De ese instante sin rencor: “¡Gracias, Señor,
Hasta mañana!”

Pamela Romano

estás viendo la sombra de tu cuerpo proyectada allá abajo en el suelo subiendo la curva de estos lugares empedrados. tu corazón se alegra, no se sabe de qué, mirando así como vas caminando. con sus manos calientes te empuja de tu espalda el sol: en ese cuerpo de allá abajo, en ese cuerpo que parece imagen que eres vos, estás viendo la forma de las piedras deformando tu cuerpo. Lo que sientes de la piedra es lo que sientes del tiempo. subiendo despacio esa sombra que se mueve contigo está en las piedras y por eso tu corazón está en ellas para entregarse a nadie –sólo a las piedras. y esa es tu suerte. y tu condición.

**

si se ha hundido

es porque se ha hundido

y no hay nada que hacerle

por eso no tienes que estar aquí

porque aquí

inundado está

y cuando se inunda

hay cosas que se salen de curso

el lodo aparece y entonces quizás después

no pueda nombrarme no pueda

nombrarte el nombre

no haya

por eso si te apuras

reconstruiremos la ciudad

la ciudad con ladrillos de este barro

y los buenos usos del fósforo la ciudad habrá

por eso aunque te apures

la ciudad no se reconstruye

la cosa está en asumir el cuerpo

o pensar que tu cuerpo es tu casa

o nunca

la casa,

nunca tu cuerpo será mi casa

porque todo

todo todo

se ha hundido en lo inundado

las paredes

las grietas de las paredes

las pretensiones de la suciedad

y ciertos animales que nunca quisimos ver

se han hecho visibles

me miran

te están mirando

me he quedado ciego

visiblemente ciego pero los animales allí de qué color

son sus ojos mis ojos han perdido nada

han demolido

algo que todavía no se ve porque ya nos estamos yendo

vamonós

inundado está aquí y allá

se ve un cuerpo que no es de muerto sino de vivo que es peor

peor y todavía más aquí y allá

algo como una sombra de abuelo

que si viene preguntará por qué se están yendo

vamonós

por eso yo no puedo irme

por eso me he quedado ciega y tengo que irme

completamente ciega entonces cómo no yo me voy

realmente me voy desde allá en la ciudad

la ciudad que es un desalojo que no logras entender

que nadie ha entendido que es un desalojo y que se ha inundado

precisamente cuando decíamos en aquellas noches que las aguas

muy precisamente y las grutas se abran: a ver

si la virgen glamorosa sale terrible

y danzando a ver si vestida de gasa y de peine y algo dice

si dice todo lo que nunca ha dicho a nadie

a nadie

siempre ha estado callada como piedra como tú bien sabes

(y por eso

eso hasta ahora ha estado bien

pero ahora

lo último que necesitamos es el silencio

porque algún ruido deben hacer nuestros pasos

en lo inundado algún ruido deben hacer nuestros pasos

al salir de él)

**
Estás lejos de volverte tronco:

no tienes ningún amparo ante tu movilidad

hasta el pelo huele a hierba en la lentitud de la montaña y los fuertes vientos.

A diferencia de ti, hay un árbol en la montaña

cae del árbol una hoja de un lado a otro

sin impacientarse

lejos de ser tronco te duelen las rodillas y las manos

-que lo que suelte caiga, que me caiga dices

sin impacientarme

Vuelve todo sin volver inmutable.

Ángel González

Adiós. Hasta otra vez o nunca

Adiós. Hasta otra vez o nunca.
Quién sabe qué será,
y en qué lugar de niebla.
Si habremos de tocarnos para reconocernos.
Si sabremos besamos por falta de tristeza.
Todo lo llevas con tu cuerpo.
Todo lo llevas.
Me dejas naufragando en esta nada
inmensa.
Cómo desaparece el monte
-me dejas…-,
se hunde el río
-…en esta…-,
se desintegra la ciudad.
Despiertas…

Crepúsculo, albuquerque, invierno

No fue un sueño,
Lo vi:
La nieve ardía.

Blanca Varela

MALEVITCH EN SU VENTANA

ah mon maitre
me has engañado como el sol a sus criaturas
prometiéndome un día eterno todos los días

de lo inexacto me alimento
y toda el agua de los cielos es incapaz de lavar
esta ínfima y rebelde herida de tiempo que soy

polvo rebelde sí
con los cabellos de polvo desordenado
para siempre jamás por un peregrino pensamiento
persigo toda sagrada inexactitud

suave violencia del sueño
palabra escrita palabra borrada
palabra desterrada
voz arrojada del paraíso
catástrofe en el cielo de la página
hinchada de silencios

aquí el ojo comienza a desteñirse
a no ser
y la voz se quiebra inaudita

( alguien ha perdido definitivamente su balsa )

a la deriva sobre el océano
sopla el viento de la indiferencia
por la puerta entreabierta llega la aurora
más silenciosa y pálida que nunca

es el día sobreviviente con su carreta vacía

sigue brillando la lámpara penitente
pero no creo en su luz
ni compro la muerte con nombre de pez
ni es cierto que bajo su escama mortecina
dios nos contempla

2
sí señores
este es otro día inevitable
en que me alimento de lo inexacto
de la monstruosa fruta que aletea
de la huella en el aire
del recuerdo
del azogue perdido en alguna alcantarilla
de lo irrecuperable que se acumula y agiganta
en afiebrados cristales
y cruza el aire como una llama
recién nacida

flamante cuerpo en pugna con el sol

la farsa diaria desaparece tras una mano
que enciende y apaga a voluntad
su propia luz

penitente claridad
arde el obscuro aceite de la conciencia
sobre esta mesa que es todo el mundo

al otro lado de la ventana
alguien ha resuelto el enigma

para entrar en la vida basta un puerta
el otro lado sigue igual
nada que la luz no atraviese y oculte
nada que no sea la antigua y sagrada inexactitud
que golpea maderos bate alas
e incendia gargantas y corazones

3

hoy me despierta
con su delgado resplandor abstracto la esperanza
la obscuridad del naufragio
se escapa como un gato por la ventana
y alguien vuelve

alguien vuelve desvelado y sin prisa
con un pequeño rectángulo de eternidad
entre las manos