Jerry Chin

No puedo descifrar el porqué de este deseo.
Es como el de las princesas, como el de las telenovelas, algo que no debería pasarme.
(De mis amores políticamente incorrectos).
Tu mundo es tan pequeño, Jerry Chin. Del restaurante a la casa de tu madre a Norman’s a la casa de tu mujer de turno, al trabajo.
Marihuana,
Té Lipton,
Pedazos de carne.
Tu mente es también pequeña, a veces, aunque otras no, y me sorprendo.
Me sorprende pillarme a solas estando contigo, riendo en el bus con el recuerdo de alguna conversación de tontos.
Jerry Chin, yo no soy para ti; esta princesa no te quiere hacer más hombre.
Esta princesa no encuentra nada de atractivo en las peleas que tanto me has contado donde rompes dedos y mandíbulas
ni tampoco en los viajes donde respetaban mucho tus dolaritos y tú invitabas Bacardi a las latinas.
Tú crees que el soccer es de nenas y yo creo que tu cerebro es de idiotas (a veces).
Pero te pillo ahí, rociando con ternura la orquídea que compraste, batiendo tu lifesaver y haciendo cara de panda mientras repites que no eres chino, sino norteamericano.
Te pillo cocinando mis espinacas con ajo, solo para mí, enloquecido por que suelte una carcajada de esas que sabes sacarme con tus voces extrañas de ultratumba.
Nos pillo juntos, encendidos cuando sin querer nos decimos cosas obscenas queriendo en verdad hablar del bacon o de los tomates.
Yo no soy para ti, Jerry Chin, pero me gustaría atraparte detrás de la cocina, y ponerme entre tus piernas subidos en el fregadero con la loza sucia.
En el patio de atrás,
en la casa de Sui,
en el baño donde te metes todo eso que tus clientes te compran.
Yo no soy para ti, Jerry Chin, pero si por alguna circunstancia acercaras tus labios a mi frente, yo me colgaría de tu lengua y no te dejaría ir.

Pamela Romano

estás viendo la sombra de tu cuerpo proyectada allá abajo en el suelo subiendo la curva de estos lugares empedrados. tu corazón se alegra, no se sabe de qué, mirando así como vas caminando. con sus manos calientes te empuja de tu espalda el sol: en ese cuerpo de allá abajo, en ese cuerpo que parece imagen que eres vos, estás viendo la forma de las piedras deformando tu cuerpo. Lo que sientes de la piedra es lo que sientes del tiempo. subiendo despacio esa sombra que se mueve contigo está en las piedras y por eso tu corazón está en ellas para entregarse a nadie –sólo a las piedras. y esa es tu suerte. y tu condición.

**

si se ha hundido

es porque se ha hundido

y no hay nada que hacerle

por eso no tienes que estar aquí

porque aquí

inundado está

y cuando se inunda

hay cosas que se salen de curso

el lodo aparece y entonces quizás después

no pueda nombrarme no pueda

nombrarte el nombre

no haya

por eso si te apuras

reconstruiremos la ciudad

la ciudad con ladrillos de este barro

y los buenos usos del fósforo la ciudad habrá

por eso aunque te apures

la ciudad no se reconstruye

la cosa está en asumir el cuerpo

o pensar que tu cuerpo es tu casa

o nunca

la casa,

nunca tu cuerpo será mi casa

porque todo

todo todo

se ha hundido en lo inundado

las paredes

las grietas de las paredes

las pretensiones de la suciedad

y ciertos animales que nunca quisimos ver

se han hecho visibles

me miran

te están mirando

me he quedado ciego

visiblemente ciego pero los animales allí de qué color

son sus ojos mis ojos han perdido nada

han demolido

algo que todavía no se ve porque ya nos estamos yendo

vamonós

inundado está aquí y allá

se ve un cuerpo que no es de muerto sino de vivo que es peor

peor y todavía más aquí y allá

algo como una sombra de abuelo

que si viene preguntará por qué se están yendo

vamonós

por eso yo no puedo irme

por eso me he quedado ciega y tengo que irme

completamente ciega entonces cómo no yo me voy

realmente me voy desde allá en la ciudad

la ciudad que es un desalojo que no logras entender

que nadie ha entendido que es un desalojo y que se ha inundado

precisamente cuando decíamos en aquellas noches que las aguas

muy precisamente y las grutas se abran: a ver

si la virgen glamorosa sale terrible

y danzando a ver si vestida de gasa y de peine y algo dice

si dice todo lo que nunca ha dicho a nadie

a nadie

siempre ha estado callada como piedra como tú bien sabes

(y por eso

eso hasta ahora ha estado bien

pero ahora

lo último que necesitamos es el silencio

porque algún ruido deben hacer nuestros pasos

en lo inundado algún ruido deben hacer nuestros pasos

al salir de él)

**
Estás lejos de volverte tronco:

no tienes ningún amparo ante tu movilidad

hasta el pelo huele a hierba en la lentitud de la montaña y los fuertes vientos.

A diferencia de ti, hay un árbol en la montaña

cae del árbol una hoja de un lado a otro

sin impacientarse

lejos de ser tronco te duelen las rodillas y las manos

-que lo que suelte caiga, que me caiga dices

sin impacientarme

Vuelve todo sin volver inmutable.

Blanca Varela

MALEVITCH EN SU VENTANA

ah mon maitre
me has engañado como el sol a sus criaturas
prometiéndome un día eterno todos los días

de lo inexacto me alimento
y toda el agua de los cielos es incapaz de lavar
esta ínfima y rebelde herida de tiempo que soy

polvo rebelde sí
con los cabellos de polvo desordenado
para siempre jamás por un peregrino pensamiento
persigo toda sagrada inexactitud

suave violencia del sueño
palabra escrita palabra borrada
palabra desterrada
voz arrojada del paraíso
catástrofe en el cielo de la página
hinchada de silencios

aquí el ojo comienza a desteñirse
a no ser
y la voz se quiebra inaudita

( alguien ha perdido definitivamente su balsa )

a la deriva sobre el océano
sopla el viento de la indiferencia
por la puerta entreabierta llega la aurora
más silenciosa y pálida que nunca

es el día sobreviviente con su carreta vacía

sigue brillando la lámpara penitente
pero no creo en su luz
ni compro la muerte con nombre de pez
ni es cierto que bajo su escama mortecina
dios nos contempla

2
sí señores
este es otro día inevitable
en que me alimento de lo inexacto
de la monstruosa fruta que aletea
de la huella en el aire
del recuerdo
del azogue perdido en alguna alcantarilla
de lo irrecuperable que se acumula y agiganta
en afiebrados cristales
y cruza el aire como una llama
recién nacida

flamante cuerpo en pugna con el sol

la farsa diaria desaparece tras una mano
que enciende y apaga a voluntad
su propia luz

penitente claridad
arde el obscuro aceite de la conciencia
sobre esta mesa que es todo el mundo

al otro lado de la ventana
alguien ha resuelto el enigma

para entrar en la vida basta un puerta
el otro lado sigue igual
nada que la luz no atraviese y oculte
nada que no sea la antigua y sagrada inexactitud
que golpea maderos bate alas
e incendia gargantas y corazones

3

hoy me despierta
con su delgado resplandor abstracto la esperanza
la obscuridad del naufragio
se escapa como un gato por la ventana
y alguien vuelve

alguien vuelve desvelado y sin prisa
con un pequeño rectángulo de eternidad
entre las manos

Diarios. Alejandra Pizarnik.

Sin fecha

Es la noche, en la noche, sucede en la noche, cuando rodar, caer, lágrimas tiritando bajo los puentes cerca del agua donde fluyen casas iluminadas y seres sin cabeza y horas sin relojes y mi corazón en una pira, en una piragua letal, mi corazón disuelto en pequeños soles negros palpita y naufraga hacia donde no hay olvido. No hay olvido y el esfuerzo de ser es muy grande, el esfuerzo de vestirse de sí misma cada día y remontarse como una ciénaga, arrastrarse como un duro cadáver, bolsa compacta de chillidos y maldiciones y cosas muertas y puños cortados amenazando el suelo y el cielo. La vía alcohólica del cielo percute en mi cerebro iluminado como una alegría de espanto en la que alguien busca con ardor. Viviera en otro mundo, viviera en algo más pequeño, sin nombre, sin lenguaje, no llamado y cuya única característica consiste en su silencio lujurioso. (197)

Poemas de Lya Luft

Un nuevo y grato descubrimiento.

Cancão na plenitude

Não tenho mais os olhos de menina
nem corpo adolescente, e a pele
translúcida há muito se manchou.
Há rugas onde havia sedas, sou uma estrutura
agrandada pelos anos e o peso dos fardos
bons ou ruins.
(Carreguei muitos com gosto e alguns com rebeldia.)

O que te posso dar é mais que tudo
o que perdi: dou-te os meus ganhos.
A maturidade que consegue rir
quando em outros tempos choraria,
busca te agradar
quando antigamente quereria
apenas ser amada.
Posso dar-te muito mais do que beleza
e juventude agora: esses dourados anos
me ensinaram a amar melhor, com mais paciência
e não menos ardor, a entender-te
se precisas, a aguardar-te quando vais,
a dar-te regaço de amante e colo de amiga,
e sobretudo força — que vem do aprendizado.
Isso posso te dar: um mar antigo e confiável
cujas marés — mesmo se fogem — retornam,
cujas correntes ocultas não levam destroços
mas o sonho interminável das sereias.

Estes são meus objetos…

Estes são os meus objetos:
têm uma pátina que não é do tempo,
é minha dor
roçando neles sua mão aflita.
Este é o meu rosto:
uns olhos que, de procurar demais, olham
só para dentro. E se tudo desemboca na morte
esse é o meu destino. É para lá que vou
esperança e protesto,
segurando o candelabro dos amores
que me iluminaram na vida.

(Restistirão, singularmente,
ao meu último sopro?)