Plumas

Siri G.

Ya te dije, niño
he encontrado otra ave
un quetzal que no me ama
(lo sabía)
his eyes are like a path without an end
y yo fantaseo una y mil veces
y mi cuerpo se inunda
I’m not the one
(lo sabía)
tú al menos tenías otra
I only have some feathers
y otra vez vuelvo a llorar
La llorona
and my skin is shaking
La llorona
en este país sin nido
La llorona.

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Que lo aprenda todo en mi plegaria

Perdido, errática, fuera de mí. El deseo me ha llevado a un lugar extraño. Es un impulso, un enojo. Mi piel no me responde. La necesidad de otro cuerpo me ha vaciado.

¿Dónde está el centro si no hay cuerpo? Piel roja y erizada, piel que es propia pero no se siente dueña de sí. El deseo es caliente, pero yo estoy fría, estoy helado.

¿Qué pasa con el deseo si aún no soy adulto?

Lo quiero todo sin pagar el precio. Quiero el calor y el frío, quiero el éxtasis y la furia. Escalofríos de terror se confunden con el rumor de mi deseo. Hay cosas que debería hacer, personas que debería habitar, pero nada de eso importa cuando sus ojos se cruzan con los míos, tan cerca que puedo sentir el aliento ajeno.

¿Cuántas bandas sonoras tengo que escuchar para que esto se acabe?

¿Cuántas noches de sueños no revelados?

Mi cuerpo está en deuda. El camino que me lleva a mí pasa por el otro.

En la poesía de la imposibilidad está el sosiego.

Me visto con tanta premura, ojalá fuera como las otras veces. El esmero por la belleza. No hay agua que pueda lavar esta angustia antes de salir de casa. No hay vestidos que puedan disfrazar este cuerpo que tiembla. No hay ayuda.

Cuando las pieles se encuentren, todo se habrá acabado. Será cuestión de prolongar eternamente el momento para que nunca llegue lo que es, en lugar de lo que quiero que sea.

Todas las tristezas del mundo son llamadas a mi corazón ahora. Espero que, con su asfixia, no haya escapatoria. Que sea imposible la vida por el peso, que nadie me vea y yo no vea a nadie, que se borre el latido y sea como el sonido de la naturaleza, impersonal.

Que a través de las palabras llegue mi orgasmo, uno tan fuerte que nunca más espere otro.

Que sea suficiente la idea sin el cuerpo, el alma sin el aire.

Que lo aprenda todo en mi plegaria.

Vuelos de aves

Aprender contigo
que la forma vital no se acomoda,
no se fuerza,
solo se observa.
Dejar mi locura en el telón de fondo
y disfrutar estos días
en los que me dejo ver,
cuando las fuerzas se acaban
y solo queda el deseo
mi deseo de pasar la nariz por tus ojos
y con mis labios tocarte las cejas,
recorrer tu espalda con mis dedos
violentos sobre tu ropa.

Días repentinos de los dos
condenados a lo público,
y las caras sorprendidas
de los que te ven en los buses
tocándome bajo la ropa,
con tanta urgencia,
porque ya me marcho
para que tu amor no me impulse
a llorar en el jardín.

Sí, son esos días en que pierdo la batalla
y quiero agarrarte de las manos,
abrazar tu cuerpo tan ligero
chocar nuestros dientes,
morderte la oreja,
todo antes de que se acabe la noche
y yo me escape a mi ático de sueños
a convencerme, nada pasa
no necesito nada,
esos días cortos,
esos besos escándalo
es suficiente
hasta que apague la luz.

Ya te dije:
te veo
en las dimensiones de mi casa
en los caminos de la montaña
en los conciertos y las fiestas
aunque nunca lo sepas.

Ya te dije:
te espero
con la luz apagada
en el piso de arriba
para verte salir,
cruzar palabras dispensables
y seguir con algo de pesadumbre.

Nuestro amor dosificado
me dura una semana
y luego quiero que no vuelvas
y luego quiero que vuelvas y te quedes
para seguir así en nuestro carrusel.

Modulando mi deseo
se agota y se recarga
hasta que llegue un niño
(otro)
que se enloquezca por mí
observe todas mis esquinas
acaricie todos mis relieves
y te desplace
y te me vayas
a los brazos de la que siempre te tuvo,
niño triste.

Colibrí

Siri G.

El lugar del amor lo ocupó el miedo,
el terror irrevocable del engaño.
La gema se cubrió de musgo
y en sus venas penetró la negrura.
Entonces no hubo luz
y un sonido de queja quebró el espacio.
El agua sucia corrió por los jardines de mi casa.
Las rosas se enterraron a sí mismas sus espinas
y los pájaros buscaron gatos hambrientos.
Esta fue la muerte provocada del colibrí,
la cristalización de mi cuerpo ahora frío,
mi cuerpo muerto que no desea.