Cachemira-Colombia

siri g

tercera versión

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No esperaba la eminencia

de tus ojos tristes

o que un saludo de mañana

se volviera la única palabra,

que con miles de sentidos,

cantaba “deseo”.

Aterrarme cuando detrás de tu firmeza

se escondía un niño.

Y amar al niño y al adulto

y al espíritu que sufre detrás del humo.

Tu piel tiene nubes.

Cicatrices de vuelos,

que en los toques de queda,

circunscriben el valle entero.

Donde no hubo besos, dos sofás

y una hora de silencio apacible.

Café

y medio plato de arroz

separado para mí.

Piedra naranja de regalo

y manos sudorosas

escribiendo mensajes de amor codificados.

Te confieso que quería saborear tus nubes

y entender una guerra.

Con mis ojos de niña,

lloré

y me escondí de vergüenza

no queriendo confundir mi empatía

con falso entendimiento.

Pasé mis dedos por los tuyos

con el pretexto de cubrir una escalera,

para jalar la cana de tu barba

a ver a dónde lleva.

Yo también quería hablarte de mi país en guerra

y de mi piel que no tiene nubes,

sino volcanes,

erupciones de dolor

que el adulto recoge con palabras ajenas.

Antes de irme tuve un sueño:

tú eras musulmán

y yo, nueva era

pero todo estaba bien.

El final

veintidós noches de deseo enmascarado,

lentito despertando cada mañana,

en la cocina con los trastes sucios,

de nuestras diferentes lenguas.

 

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