Vuelos de aves

Amarte al revés de tus tonterías,
sin posibilidad de saltar al futuro,
en el momento presente,
con la cerveza en el pasto,
el teatro y el cine,
las caminatas y los abrazos.

Amarte con escudo al hombro,
haciendo malabares en la frontera
para no aceptar que te quedes,
para que no me ahogues
con tu amor que no es igual al mío
que no busca tenerme en exclusiva,
ese amor tuyo que no comprendo
ni cuestiono.

Aprender contigo
que la forma vital no se acomoda,
no se fuerza,
solo se observa.
Dejar mi locura en el telón de fondo
y disfrutar esos días
en los que me dejo ver,
cuando las fuerzas se acaban
y solo queda el deseo
mi deseo de pasar la nariz por tus ojos
y con mis labios tocarte las cejas,
recorrer tu espalda con mis dedos
violentos sobre tu ropa.

Días imprevisibles de los dos
condenados a la clandestinidad de lo público,
dejando pasar las caras sorprendidas
de los que te ven en los buses
tocándome debajo de la ropa,
con tanta urgencia,
porque ya me marcho
para que tu amor no me impulse
a llorar en el jardín.

Sí, son esos días en que pierdo la batalla
y quiero agarrarte de las manos,
abrazar tu cuerpo tan ligero
chocar nuestros dientes,
morderte la oreja,
todo antes de que se acabe la noche
y yo me escape a mi ático de sueños
a convencerme de que nada me pasa
de que no necesito nada,
que esos días cortos,
esos besos de escándalo
son suficientes
hasta que apague la luz.

Ya te dije que te veo
en las dimensiones de mi casa
en los caminos eternos a la montaña
en los conciertos y las fiestas
aunque nunca te llame.

Ya te dije que te espero
con la luz apagada
en el piso de arriba
para verte salir,
cruzar palabras dispensables
y seguir con algo de pesadumbre.

Nuestro amor dosificado
me dura una semana
y luego quiero que no vuelvas
y luego quiero que vuelvas y te quedes
para seguir así en nuestro carrusel.

Modulando mi deseo
se agota y se recarga
hasta que llegue un niño
(otro)
que se enloquezca por mí
observe todas mis esquinas
acaricie todos mis relieves
y te desplace
y te me vayas
a los brazos de la que siempre te tuvo,
niño triste,
y yo siga rodando
en mi juego al fin.

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