Me mudo

Le tengo miedo a las palabras.
No quiero hablar de ellas, ni con ellas,
no quiero mirarlas.
No quiero pensarlas o pronunciarlas con mi lengua torcida.
Las palabras que salen de mi boca son estiradas y feas, como deformes.
Son palabras necias, tercas, palabras afiladas.
Me han agredido por ellas.
Un gordo con gafas malditas un día me dijo mentirosa.
(Y ahí vamos de nuevo, no digo gordo ni malditas, digo no sé),
Se burló de mí y creo una teoría.
Una teoría de mi locura.
Guardé silencio un rato.
Hasta que llegaron mi ex.
Todos ellos
pasaron mal con mis palabras
y yo con ellas.
Los recuerdo enredados y heridos
y yo sin saber cómo encontrar el hilo.
Alguno trató de confundirme,
de convencerme de que las palabras que decía
no decían lo que decían
(sino otra cosa).
(los locos nos juntamos).
Y luego mis amigos,
en la sala de la casa.
me dijeron que el mundo
no es como yo lo hablo.
Que tengo un desface
que la realidad y que la percepción,
que la diferencia.
(dudaron de mí)
(obvio).
Ahora puedo decir
(palabras monstruosas vienen a mis dedos)
que no se llora solo con lágrimas
sino con letras
que llorar mudo es más difícil,
y hasta prescindible.
Que es mejor quedarse callado
mirando pasar los barcos por la ventana
agarrándose el pecho
con la palma dando círculos
sanando.
Yo no quiero más estas palabras
ni aquellas
(no quiero ninguna).
Quiero silencio animal.
volumen bajo,
quiero sombra.

Derechos reservados
©Diana Catalina Hernández Quecano

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